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Resistencia al psicoanálisis
por Marcelo Augusto Pérez

 


El Psicoanálisis ha tenido y tiene, desde sus orígenes, grandes retractores, excelentes opositores y no menos obvias resistencias. Las podríamos clasificar (palabra cara a esta praxis) en dos: la de los colegas de la comunidad apodada "científica"; y la resistencia propia de la gente en general; acaso posibles potenciales analizantes. Vayamos al primer grupo.


Lo primero que podríamos poner sobre la mesa de discusión serían las famosas críticas de parte de las "nuevas y viejas psicologías" en torno a la disciplina creada por Freud. Dicen estas lenguas que se trata de algo poco "humanista" y hasta la califican de "fría". Digamos, primeramente, que el psicoanálisis no es una psicología. No es psicología profunda y, epistémicamente hablando, no tienen nada que ver con el discurso psicológico. Pero, digamos rápidamente, menos aún es un Humanismo o una Filosofía o una Ontología. El psicoanálisis, para decirlo rápidamente, es una praxis clínica cuya única causa es el DOLOR del sujeto atravesado por sus síntomas y cuya única herramienta de trabajo es la PALABRA. Verbo que hace del hombre, como diría Cassirier, un "animal-simbólico". [Hablar de "animal" es un abuso de términos y es extrapolar áreas como la Biológica; pero aceptemos en principio este permiso.] Si calificar de "fría" a esta praxis por el sólo hecho de "mandar al analizante a la cama" pudiera parecer en principio racional (¿y acaso la medicina no lo manda al quirófano?); menos aún sería el hecho de que los profesionales off-análisis (muchos de los cuales utilizan, ¡Dios sabe cómo!, la teoría y las herramientas creadas por Freud) consideran "frío" al hecho de no aconsejar al padeciente o de no producir fórmulas o de no plantear recetas terapéuticas. ¿Y desde dónde podría un analista dar "el consejito"? ¿Desde su propio fantasma? ¿Desde su misma historización? ¿Desde las estadísticas? El psicoanálisis es el "caso por caso": el único sujeto con su única historia y su único discurso es quien tiene su único "saber no sabido" disponible para revelar en el curso de una Cura. Un analista, y me remito a Lacan, debe "olvidar lo que sabe": tiene la obligación de olvidarlo. Y esto, no en última instancia, sería bueno que lo piensen muchos quienes creen que un título o una cursada sistemática de asignaturas universitarias pueden habilitar el lugar paternalista del amigo o de la tía. Incluso muchos que se dicen analistas. Pero este es otro tema que no sería prudente proyectar aquí puesto que derivaría en cuestiones "de parroquia": he conocido psiquiatras y psicólogos que tienen Diván, y -peor aún- lo usan. Lo usan sin saber porqué, ni cómo ni cuándo. Llevan al paciente al mismo y piensan: "a algunos los recuesto, a otros no"... en fin, dejemos esto para otra oportunidad.


Otros de los "mitos" de parte de los opositores, es que el analista "no habla". Muchos de los que opinan así habrán tenido que soportar a analistas mudos (que sin duda los habrá, como los hay peluqueros-mudos) o quizás no hayan pasado por análisis alguno y hablan, como suele suceder, por boca de un imaginario/social aplebeyado de pre-juicios. El analista no sólo habla (aunque es bueno recordar que quien paga para hacerlo es el analizante) sino que sería éticamente macabro no puntuar, señalizar y -pocas veces- interpretar el discurso del analizante. Ahora: si No-Hablar quiere decir no preguntar lo que un "buen psicólogo" quisiera saber sobre el analizante ( dónde trabaja; cómo es su fin de semana ) estamos de acuerdo entonces: el analista No-Habla de lo que él quiere sino de lo que "debe hablar": esto, en principio, no es una operación demasiado fácil: lo mejor, para muchos, sería llenar el silencio, taponarlo de preguntas, confundir más al paciente, reprimir concientemente su saber y, de paso cañazo, bajar ambos niveles ansiógenos. Pero lo mejor no es, en general, lo técnicamente conveniente.
También se cuestiona, de parte de esta "comunidad", de que el psicoanálisis no es una Ciencia. Como esta hipótesis es totalmente cierta (y no porque lo digan ellos sino porque se valida desde la misma praxis: no, no lo es ya que trabaja con el sujeto que la misma ciencia forcluye; ya que el Deseo del cíentifico funciona como principal obstáculo) toda defensa en este punto sería pasiva.
 
Vayamos al segundo grupo
. Que acaso es más interesante por el hecho de que manejan un pre-concepto mucho más coloquial y por ende mitológicamente más válido ya que se basa en el empirísmo puro. Son los que, en general, han tenido algún análisis y han abandonado; o los que nunca intentaron hacerlo pero lo desean desesperadamente; o los que también hablan por boca de otros y de otros y de otros...


El llamado "post-modernismo" ha dado origen, entre otras cosas y en el campo de la Salud, a las llamadas "terapias breves" y a otras Escuelas Psicológicas cuyo eje operativo se basa en el "compre y disfrute" del siempre vigente "express way style of life" que nos llega desde el Norte. Primeramente digamos algo que resulta por demás aberrante: muchas de todas esta Variantes; hablan de Lo Inconsciente y hasta, repito, utilizan herramientas del Análisis. Esto es no sólo de un nivel de desconocimiento teórico profundo de la obra de Freud; sino que, ante todo, resulta éticamente inaceptable: son los mismos profesionales que, en nombre de los mecanismos inconscientes, hacen abuso de todo el material teórico y realizan un verdadero cócktel de escuelas con el único propósito de re-encontrar al paciente con una cierta felicidad perdida. Esto es también pecar de deshonestidad: sabemos que ese re-encuentro es un imposible; sabemos que la felicidad, como diría Benedetti, viene en frasco chico. Sabemos que taponar la inmortalidad humana ( o la Castración, para el caso es lo mismo ) es no entender lo que significa la palabra PsicoAnálisis. Si a esto le agregamos el hecho de distorsionar, moldear a piaccere y manipular por conveniencia los procedimientos técnicos psicoanalíticos ( el hecho de que no se supervisen ni se analicen es un modo perverso de hacer su propia ley ); bueno, creo que está todo dicho.


En segundo lugar ( y siguiendo este ritmo loco de "medicamentos para la felicidad" ) tenemos la coherente demanda por parte del padeciente. Es lógico: si existiese la píldora de la felicidad, ¿quién no la compraría? Si lo primero que hacemos es taponar el síntoma yendo corriendo a la farmacia; ¿cómo no vamos a taponar la falta, la angustia y la frustración que nuestras viscisitudes cotidianas acarrean? Ahora: que se nos demande "la felicidad" (¿y por qué no sería así?) no quiere decir que podamos mentir a puertas abiertas y "vender" (simbólica y literalmente hablando) un cócktel de terapias haciéndola pasar por La Solución Total. Admito, ¿por qué debería de ser pre-juicioso? que habrá buenos profesionales que sin ser Analistas hagan excelente Psicoterapia, se analicen y se supervisen, y tengan cierta coherencia ética para con su oficio (así como seguramente habrá malos Analistas). Pero digamos que el imaginario desde donde este segundo grupo de opositores se sostiene, está, justamente, centralizado por las críticas que vienen desde estos magos de la felicidad y que pretenden ¿desajustarr? a una disciplina cuyo arsenal principal radica, paradójicamente, en la experiencia del sufriente que cada día nos demanda más perfeccionamiento y menos soberbia.


El psicoanálisis no es La Solución y eso es obvio: ¿algo lo es? Pero, muchas veces, puede aportar pequeñas soluciones que, lejos del azar o de la magia, permiten advertir al analizante que hay Otra escena que le sucede y que está implicado en ella bajo su total Responsabilidad. Desde donde -incluso- puede pensar-se.


Digamos, finalmente, que la Resistencias al Psicoanálisis muchas veces, como nos recuerda Lacan en referencia al Analista, son del Psicoanálisis mismo. Y llegan, por tanto, desde los mismos colegas empecinados en crear dogmas, Parroquias ; en vez de procurar una acción cotidiana con las pruebas que la práctica aporta y con su conveniente articulación teórica. Esto es, en primera y última instancia, lo que han hecho nuestros Maestros. Llevar la práctica a la teoría; y no, como pretenden estos nuevos métodos express; "crear" una teoría y amoldarla a los pacientes cual ratoncitos blancos de experimentación.