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¿Microeconomía del amor?
por Marcelo Augusto Pérez


Para responder a los artículos sobre la “ microeconomía del amor ” debo ante todo partir con un breve preámbulo, sin subestimar a ningún lector: máxime tratándose de un posible estudiante universitario y sabiendo que las instituciones académicas pueden dar algo más que bibliografía técnica o específica y reconociendo a cada uno como un ser único, abierto a las mayores posibilidades críticas y literarias.

 


Parece coherente que el Hombre busque “una ley para cada cosa”; incluso es este el motor y la base del constructo científico (de hecho las ciencias más rígidas son las que pueden hacer mejor abstracción y ley de su contexto empírico/teórico). Incluso parecería coherente que el discurso Universitario se transforme, para muchos, en un discurso Amo incuestionable. Siguiendo éste álgebra parecería muy lógico que los mayores padecimientos humanos y las peores incertidumbres quieran solucionarse vía cierto conjunto de leyes. Todo así resultaría no sólo más operativo, sino –ante todo- harto menos problemático.

Lo que quizás muchas veces tengamos que aceptar, aunque padezcamos cierto monto de angustia y una conexión inmediata con la frustración, es que en las temáticas vinculadas al al Ser-Parlante ; la Ciencia, como categoría de construcción académica y como discurso globalizador, no puede tener todas las respuestas. Desde el psicoanálisis (que no es ciencia sino praxis y que limita más con el Arte y con la Locura que con los Test Psicológicos y los Manuales de Patologías) no podemos forcluir al sujeto que sí la categoría científica omite. Y, por tanto, en dicha incorporación, no se piensa en fórmulas, ni en consejitos; ni se promete “la felicidad”, ni se trabaja con “manuales de procedimientos”. Tampoco se tiene, pues, “la respuesta”; pero mucho menos se impone una ley. En todo caso, la única ley a la que está sujeto el Humano es la del Deseo.

Esto, para nosotros, quiere decir que existe una configuración mítica que nos permite construir un andamiaje para explicar y operar con los mecanismos psíquicos que trabajan a nivel inconsciente. Este mito se llama Edipo y Complejo de Castración. Es a los que todos los seres-parlantes estamos fatalmente destinados y, para decirlo de entrada, previamente Estructurados. Gracias al Edipo, podemos –sin más- comer, beber, demandar, amar... El ser humano está atravesado por dos ejes que lo separan de lo Natural: su sexualidad y el lenguaje. Ambos tópicos son indisolubles entre sí: los animales tienen sexo, no sexualidad. Es por esto que tienen código y no lenguaje. Pero también es porque no hablan que no tienen sexualidad. ¿Se entiende la reciprocidad biunívoca de la cuestión?

El animal, a través de sus códigos, puede comunicarse y sabe hacer con su instinto el “ pan suyo de cada día ”. El ser-parlante , gracias al lenguaje, ya no sabe cómo hacer sus cosas; no tiene un instinto que conduzca a un objeto específico para resolver una necesidad puntual. Gracias al significante , el Humano ya no puede comunicarse porque no sabe lo que dice en lo que habla. Y si esto no fuese así, toda la historia de la clínica analítica sería una simple farsa. Sabemos que no lo es: sabemos que el descubrimiento Freudiano ha permito atravesar síntomas que, no está de mas aclararlo, se padece no en otro lugar que en el CUERPO. Un cuerpo que no es un conjunto de órganos; es un cuerpo erógeno, solidario a las Pulsiones que demandan, entre otras cosas, una Respuesta.

Y aquí estamos, otra vez, en el comienzo de este escrito.

He leído en los últimos números de la revista (la cual ahora estoy usando como medio de diálogo y discusión democrática), que podía ser factible analizar e incluso predecir el comportamiento no sólo nuestro sino del semejante. No es raro encontrar este tipo de doxas entre psicólogos y psicopedagogos; pero me ha sorprendido que también desde la Economía se pueda abordar una problemática que sólo quizás los Poetas han podido re-velar. Y esto llevado al punto de que en dicho marco habita un tema tan primitivo como el vínculo madre-hijo mismo lo es: el Amor . Que un paciente, que un “ candidato a levantarse dos potenciales chicas en un boliche ” demande una respuesta; no quiere decir que la haya. Si partimos que la ley operante es Edípica, es Inconsciente; entonces ¿cómo predecir algo que es un saber-no-sabido? ¿Cómo adelantarse a lo que todavía no ha visto la luz? Lo inconsciente es justamente aquello que el Humano no puede manejar; que le es ajeno, involuntario; que incluso resiste a reconocer: es bien común que un analizante, al hacer un fallido, lo primero que haga es defenderse y reaccionar en su contra: “yo no quise decir eso” . No. Nadie va a discutir esa gran verdad. Pero lo dijo; y detrás de esa semántica se esconde un nuevo significado. El fallido, el síntoma, el sueño... todos significantes que representan al Humano : pura metáfora de lo reprimido.

Si el discurso Universitario ha sido y es reconocido permanentemente como una semantización plena de pureza y responsabilidad no es por casualidad sino, ante todo, por poder responder a esas incertidumbres. En Medicina esto es bien claro: cuanto más puede la experiencia humana compararse y acercarse a la metodología animal ( saltar de la rata al hombre es muy usual y a nadie se le mueve un pelo ); más cerca se está, al parecer, de taponar, reprimir e incluso negar la Mortalidad Humana. Hacer la vista gorda al hecho de que el hombre no es inmortal; es una manera de girar siempre sobre un mismo eje: renegar la propia Castración que está en el origen mismo de la Estructura. Negar la mortalidad (que es incluso “normal” que se reprima: de hecho el ser humano sólo puede re-conocer metáforas de la Muerte) tiene sus variantes: no poder reconocer un aplazo en un examen; no poder decirle una palabra a alguien; no poder salir de un cuarto o entrar en un ascensor; no poder dar la última materia... Y nótese que escribo “poder” y no “querer”; ya que la diferencia no es sólo verbal sino –ante todo- operativa. El ser-parlante no hace lo que quiere sino lo que puede. (Esto, obviamente, no lo libra de Responsabilidad.)

 Pero si debemos entrar al rubro Amor ; las cosas suelen complicarse aún más. (Quizás saber que se van a complicar es ya un motor para querer solucionarlas ante de tiempo; acaso vanamente.) Si, como dijimos, desde el psicoanálisis estamos más cerca del Arte que de los Vademécums ; entonces, digamos aquí, que la Poesía es ese medio en donde el vínculo con el síntoma del sujeto se hace aún más categórico. Como en la poesía, donde se puede “ ficcionar ” tranquilo; en el dispositivo de análisis se puede “ hablar ” tranquilo; aunque no sin consecuencias. ¿Y qué tiene que ver esto con el Amor? Lacan decía que de lo único que se habla en un Análisis es de Amor. ¿Y cómo no entenderlo cuando sabemos que todos los temas convergen en uno mismo? ¿Cómo no entenderlo cuando reconocemos en nuestras faltas, en nuestras imposibilidades, en nuestras vulnerabilidades; una carencia más de amor y un gesto atroz de sufrimiento por demandarlo? ¿Cómo no entender, en última instancia, que el miedo a la pérdida es el signo permanente de que estamos irremediablemente Castrados? ¿Y pérdida de qué? De este único AMOR del cual hablamos.

El Sr. Prof. Ugarte, colega (desde otro campo) pretende demostrarnos que el Amor puede enmarcarse dentro de determinados esquemas que él denominó “micro-económicos” los que incluye ciertas leyes de la economía que, aplicadas a la vida cotidiana del ser-parlante , pueden ayudar a restablecer u orientar un vínculo específico. Lo que quizás no tenga en cuenta mi colega, y no por negligencia sino por una cuestión de episteme ; es que hay en juego un deseo en permanente pulsión.

Pero no es cuestión de palabras. Quiero decir; no sería tampoco ético admitir que “ son doxas diferentes ” o aceptar cada versión y dejar al lector librado a consideración de su azarosa viscisitud padeciente. Sería sí más coherente –creo- poder llegar a entender que, lejos de ciertos tecnicismos, cuando a alguien se le viene encima lo que se dio vulgarmente en llamar la “ movida-de-piso ”; entonces estamos en presencia de lo inconsciente puro. Eso que coloquialmente llamamos “ me pegó fuerte ” o “ se me movió el piso ” o simplemente “ estoy loco/a, no sé lo que hago ”, no es más que el significante mismo de la pulsión patentizada por fuera de lo que podríamos llamar “la escena de lo esperable”. Pero no es que hay un pretendido pasaje de escena; sino que es esta la “naturaleza” misma desde donde opera el sujeto; sujeto cuyos únicos válidos parámetros se refugian en mecanismos primitivos con leyes que no pueden matematizarse para concebirlas en el plano de lo estadístico o de lo potencialmente esperable.

No hace falta citar aquí a todos los filósofos y poetas que han versado sobre la figura de lo Amoroso (desde “El Banquete” hasta J.Derridá o M.Foucault, pasando por Shakespeare, Lorca, Whitman o Neruda); pero sería bueno recordar a un semiólogo, Roland Barthes , cuando en su maravilloso “ Fragmentos de un discurso amoroso ”, nos recuerda que el enamorado opera “sin redes”. Pensemos que en inglés “ fall in love ” es bien significante: el sujeto ha caído, no tiene garantías. Como diría Rusbrock “ todo mi yo es sacado ”. O, en palabras de Freud, “...la mayor parte de la libido se encuentra transferida al objeto y este último toma, en cierta medida, el lugar del yo .” Es por ello, entre paréntesis, que es tan difícil elaborar un duelo-amoroso . Siendo así: siendo que yo no soy yo; siendo que no sé ni lo que digo ni lo que hago o soy capaz de hacer: ¿cómo podría estar preparado con un arsenal de axiomas y premisas? ¿Cómo si, en última instancia, lo inclasificable, lo imprevisible, lo a veces patético, las imágenes que llegarán a mí; superan un real y me hacen entrar en la locura misma? ¿O acaso nunca escuchamos decir “ son el uno para el otro ” ¿ O acaso el enamorado no debe estar un poquito loco y, a la vez, incorporado a la locura de su amante?

Quizás debamos admitir que el Ser Humano conoce, tal vez muy en el fondo, que hay modos de liberación-poética. Que, como decía Pesoa , el arte es la prueba de que la vida no nos alcanza . Sería muy racionalmente “científico” poder saber a priori qué es lo que más nos conviene. Pero el psicoanálisis descubre, sin sorpresa, que muchas veces, sino las más, el Hombre no escucha “las leyes” que se le proponen; usa anteojeras, cojea, viene y va desvalido, incluso moribundo. No busca lo que le conviene; sino que es capturado por lo que lejos de convenirle, lo obliga a sufrir. Parecería que Poesía y el Amor son la misma cosa y que conducirse en base a axiomas, en este campo, puede resultar harto más monótono que improductivo. Especialmente cuando, lejos de querer atarnos a teorías, buscamos (o pretendemos) cierta liberación.