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La ética del psicoanálisis
por Marcelo Augusto Pérez



El PSICOANÁLISIS es ante todo una ética, luego una técnica orientada a una praxis de orden clínico. Siendo entonces una ética no puede quedar enmarcado en un estricto campo teórico-académico que autorize su Acto. Un diploma no autoriza a un analista. Mucho menos un diploma en psicología. Creemos que muchos se equivocan si siguen pensando que un certificado por sí mismo puede autorizarlos en su actividad. No sólo se equivocan sino que caen en una gravísima falta-de-ética al creer que un conjunto de materias (y de docentes) es suficiente para avalar un acto; acto que se sostiene bajo transferencia y que, no pocas veces, horroriza a más de uno. 
¿Qué es lo que autoriza a un abogado, a un artista o a un mecánico? Parecería que en los últimos dos se ve claro que no es un diploma; pero resulta a veces dudoso en el primer caso. ¿Por qué? ¿Por ser una actividad que se estudia en una facultad? ¿No es acaso necesario adquirir un saber para la mecánica automotriz y ni hablar para quien se considere un Artista en toda su extensión? ¿No caerán las profesiones-académicas en una paradoja gravísima al pensar que un par de sellitos detrás de un diploma es suficiente para sostener una actividad? 
Hablo desde el lugar de quien estudió y se reibició de Licenciado en Psicología: es decir que llevo trás de mí la impronta de un dato empírico y la vergüenza ajena de algunos colegas que creen que ese dato es condición suficiente para recibir pacientes en su consultorio. En realidad es suficiente si uno los recibe para hacer psicología. Pero para hacer psicoanálisis eso no es suficiente, máxime cuando quizás sea mejor analista un antropólogo o un filósofo o un médico que un psicólogo. Obviamente, si un médico funciona como analista y no como médico. 
Hacer psicoanálisis no es hacer psicología: el psicoanálisis no es una psicología. Ni siquiera, ni mucho menos como se pretende rotular la materia en ciertas facultades, psicología-profunda. El descubrimiento Freudiano subvierte al sujeto de la certeza, esto es al "pienso, luego existo". Lo que el psicoanálisis viene a contarnos es otra historia; justamente "soy donde no me pienso". ¿Y qué quiere decir esto? Esto quiere decir que las "leyes" de la conducta que tanto importan a la psicología; el Yo que se trata de fortificar como si fuese un órgano carente de vitaminas; las estadísticas generales que sirven para crear técnicas de diagnósticos que rotulan y clasifican al ser humano... todas estas tendencias bien llamadas científicas ( y cuanto más se acercan a las experiencia animal, biológica, parecen que son más científicas aún ); todas ellas, digo, no hacen más que alejar al psicoanálisis de la psicología. Quizás sea la psicología, como lo expresó alguna vez M.Foucault, el principal enemigo del psicoanálisis. 
El hombre no hace lo que quiere, sino lo que puede. Hay Otra escena que le sucede: es allí donde no se piensa. No tiene la culpa de ser así; pero nunca está libre de responsabilidad. No hablamos pues de "culpas", sí de un accionar ético para con el otro. La psicología es el estudio de la conducta. Para ello tiene herramientas bien firmes: técnicas de exploración proyectivas y psicométricas, entre otras, le sirven al psicólogo para sacar un diagnóstico en base a ciertas cosas que le han ocurrido a otros y en otros tiempos. El psicólogo, al igual que el médico, mira al paciente: con esa mirada puede saber si está bien vestido, si usa anteojos, si tiene un dedo cortado, si camina cojo. Todo esto es un buen material para que el psicólogo pueda seguir su trabajo de diagnóstico.
Para el psicoanálisis la conducta, así como la inteligencia, o la bondad y las buenas costumbres; son un dato más; muchas veces -sino casi siempre- engañosos. Seríamos muy inocentes si a juzgar por cómo viste un analizante podríamos elaborar un diagnóstico de estructura.
Nada puede decir el psicoanálisis por la conducta de un sujeto; repito: nada. Si un sujeto se pone a gritar en una esquina cualquiera y, a la vez, a romper vidrios de un coche y, a la vez, a golpear a la gente: eso, para los psicoanalistas, no significa más que un sujeto que grita, rompe vidrios y golpea. No podemos decir que es un psicótico, ni un perverso ni un neurótico. Podríamos, en todo caso, decir que está cometiendo una locura.
Pero de locuras estamos rodeados por doquier: obsesivos que se lavan díez veces las manos después de saludar, histéricas que forman largas filas durante largas noches para ver a su ídolo, obsesivos que recorren los baños de las estaciones de trenes en busca de sexo; histéricas que se involucran en "magias y brujerías" de todo tipo o en rituales compulsivos e históricos ; obsesivos que pierden millones de pesos en varias horas a la ruleta, etc., etc., etc. Locuras por doquier... Hasta el rito de no dar la sal en la mano (parece una locura, ¿no?) pertenece al orden de la neurosis obsesiva: pero esto es sólo un rasgo, no una estructura: el psicoanálisis descubre rasgos perversos en estructuras neuróticas, rasgos obsesivos en estructuras histéricas, rasgos psicopáticos en estructuras obsesivas, etc.
Si bien el diagnóstico es importante para abordar un análisis; a los psicoanalistas nos tiene sin cuidado si un sujeto ve un negrito o una negrita en la lámina III del Rorschach; o si no responde las catexias negativas del Cuestionario Desiderativo. Si bien los test proyectivos (que basan su concepción justamente en la idea de lo inconsciente) pueden servir a que la psicología sea más científica y más dura (y de hecho son las técnicas aceptadas en los ámbitos Forenses) para el psicoanálisis esto no hace más que engordar el discurso Universitario y el discurso Amo de la ciencia. Y, a decir verdad, este Saber Amo es la demanda del paciente; Saber que miles de psicólogos ( ignorando acaso que lo Inconsciente rebalsa de sabiduría ) pretenden cubrir e incluso con una respuesta en forma de Consejo. Paradoja inaudita si la hay: que se nos demande un consejo no es curioso; lo sorprendente es que los mismos profesionales no se-adviertan que estudiar una carrera universitaria no habilita para aconsejar a nadie. Parece que responder desde el lugar de la tía o del amigo puede resultar interesante.
Lo importante, para el psicoanálisis, es el Uno por Uno y el Aquí y Ahora. ( Y esto para quienes creen que el psicoanálisis no es "gestáltico" ). Lo importante es todo lo que el sujeto dice sobre sus vínculos y su historia: sobre sus padres, sus parejas, sus amigos, sus hijos. ( Y esto para quienes creen que el psicoanálisis no es "sistémico" .) Lo importante, finalmente, es lo que el sujeto demanda expresar en ese momento, puesto que en el curso de su discurso se irá construyendo el mismo deseo inconsciente. ( Y esto para quienes creen que el psicoanálisis es psicología profunda: lo inconsciente no es lo profundo, es lo psíquico real y está en la cadena discursiva. )
Todo esto tiene implicancia clínica. No es lo mismo ir a una psicoterapia, en donde generalmente se "engorda" el Yo del paciente y este sale muy obeso, muy rellenito; que hacer un psicoanálisis, en donde el analizante hace su trabajo y paga por ello; en donde se deberá enfrentar con su vacío, con su angustia, con sus resistencias... No es lo mismo un terapeuta que al ver llegar al paciente lo ve rengo y cree que esto es ya un problema a tener en cuenta; que escuchar la palabra del analizante. En mis pasos por hospitales neuropsiquiátricos y en conversaciones con estos Amos de la Ciencia Psíquica, he llegado a escuchar que se diagnostica una estructura con solo observar ciertos eventos, que la psiquiatría llama "episodos", o por la forma de peinarse del paciente: son los mismos psiquiatras que después se llenan la boca diciendo que el psicoanálisis es cerrado y pasó de moda... Me pregunto a qué moda se refieren... quizás a la de la historia de la clínica que hace unos cuantos siglos viene estudiando el cuerpo muerto y creyendo que cuanto más se parecen las experiencias humanas a la de los animales más científica es la cuestión? [ No todos los psiquiatras son así, desde luego: muchos saben que el Borda está lleno de obsesivos, el Moyano colmado de histéricas, y ambos contienen más pobres que locos. ]
Un analizante puede estar rengo, puede usar anteojos, puede vestir con colores fuertes: pero esto no habla de su síntoma: pensar lo contrario lo creo de un reduccionismo atroz, una verdadera miopía. Su síntoma es sólo áquel del que se queja. Del que se queja y quiere desembarazarse. Si su pierna coja no es motivo de queja, entonces esto no es un síntoma analítico. Y no hay forma de saber de qué se queja un analizante sino escuchándolo; sino cuando él HABLA. Sólo se le pide una cosa: hable. En psicoanálisis, un síntoma tiene estructura de lenguaje. Es, como un sueño, un fallido, un olvido; un significante que se está diciendo ( y hablo en presente para quienes creen que el psicoanálisis trata del pasado ) para ser escuchado dentro de una cadena discursiva. Esa cadena discursiva, ese bla-bla-bla, es lo que un psicoanalista debe escuchar en el curso de una sesión, ese discurso que el analizante dice sin saber de qué habla y, a la vez, diciendo lo que no quiere. La medicina responde a la demanda del paciente y vía farmacología, tapa el síntoma lo antes posible, para silenciar al dolor... Dos verbos encontrados: hable versus calle... a ver si se cansa. Ese verbo puede resultar, muchas veces, angustiante: siempre es mejor que el otro me resuelva todo con sólo mirarme. 
Muchas veces hacer psicología quiere decir hacer medicina; esto es: dar consistencia al narcisismo del paciente; seguir alienando identificaciones imaginarias con las que el paciente viene y las cual trata de sostener; taponar la falta, etc. Hacer psicología es muchas veces evaluar, diagnosticar y curar a un sujeto por vías de su conducta o de su vestuario (que acaso es sólo un disfraz). La ética del psicoanáliis implica no curar ( el sujeto se-sana, el analista no es ningún Salvador ); no aconsejar; no posicionarse en el rol del amigo o de la tía; no juzgar y ni siquiera rotular un cuadro clínico. Las brujas no existen pero sin embargo... No es menos sorprendente que, a las puertas del siglo XXI, miles de psicólogos se encarguen, con sus mejores intenciones, de dicho trabajo.
En fin, no todo es oro ni todos los que vagan...