inicio inicio
El ciudadano
por Marcelo Augusto Pérez

 

Orson Welles, EE.UU., 1941

Charles Foster Kane: una especie de zar de los medios de comunicación de los EE.UU. ha heredado una aceptable fortuna y a los 25 años decide conducir el diario "Inquirer" para convertirlo en un fin en sí mismo (uno de las empresas más importantes) y en un medio (la plataforma que puede conducirlo al poder). En este trayecto, Charles se casa con la sobrina del presidente y ya nada puede detenerlo, hasta que un caso más de affaire americano borra su potencial carrera política y hace cuestionar el aparente equilibrio personal. Rodeado de estáticos objetos de arte, ve llegar el final de sus días y deja como testimonio un particular significante: "Rosebud" que servirá para que los periodistas recorran la trama de dicha significación.

El tema de la Deuda (y agregemos: la paternidad, el deseo y la culpa) va a corroborar aquí, una vez más, el aspecto en que podríamos nombrar el modo de una obsesión.

El padre de Charles Foster cede a la paternidad ante los embistes de un deseo materno que no lo implica y que desplaza la función hacia un tercero: "No entiendo porqué no puedo criar a mi hijo"- dirá; y a rengón seguido se escuchará: "Algún día serás el hombre más rico de América"-. Es, como se diría, el padre que le conviene a la obsesión; neurosis que hace de la herencia una falsedad a modo de soporte de deseo.

La opción aquí sería con el Tener, así como para la mujer es con el Ser. Tener y no saber que hacer con lo que se tiene. Bajo esa significación, intentará un goce vía retención de bienes y objetos: acumulará así animales, estatuillas, empleados... Alguien dirá: "Kane colecciona coleccionistas"-. Acaso su goce esté articulado con su objeto primordial: la Madre; quizás también con el Super-Yo.

Sería la Madre quien enuncia aquello vehiculizado por su padre: "Serás el hombre mas rico.. -"

Sabemos que es del otro de quien se sustrae el objeto para construir el sujeto su fantasma; y esta operación implica un lazo del sujeto al otro, ligazón que une al obsesivo como deudor del deseo materno en donde el super-yo es el residuo de una operación fallida sobre este deseo. (Se trata, como expresa Lacan, del super-yo no en su estatuto de ley, sino en tanto instancia ligada al goce materno, sobre la cual la ley "falla".)

La identidad, siempre propiedad del otro, contenida en la base misma de la alienación, cobra aquí también importancia en relación con el significante "Rosebud" tan enigmático como central en la obra de Welles. Significante que tal vez invoque al Nombre-deI-Padre, en un llamado al otro de la Ley que pueda permitir transitar el deseo y hacer acceder al sujeto al falo como significante reconociendo el deseo del Otro y -consecuentemente- constituyéndose en él como sujeto de deseo.Acaso en la soledad del Amo, al no haber conquistado lo heredado, Charles Kane represente la cara de un sueño americano pero también el infatigable interés de una Deuda Materna, de una deuda ligada al Nombre-del-Padre, y de cierto narcisismo que demanda ser la ley del Otro. (En una escena con Susan, ella señalará: "Tú no me amas. Quieres que yo te ame. Claro, Charles Foster Kane soy yo."-) Cuando Susan troca su posición subjetiva, y del lugar del objeto pasa a encarnar el deseo en el fantasma de Kane, no le quedará a éste más que su angustia ante el deseo del Otro, angustia que invierte la dialéctica del Amo y del Esclavo.Con "El ciudadano", Welles abre un panorama fílmico importantísimo: luego vendrán: "Soberbia" (1942), "El Extranjero" (1946), "Macbeth" (1948), "Othello" (1952), "Sed de Mal" (1956), entre otras. Todo el cine de la época se vió invenitablemente influido por esta obra de tono dramático y sin duda psicoanalítico. "El Ciudadano" es una obra que nos demuestra, una vez más, que no hay piezas perdidas: que cuando un Acto se pronuncia, el espacio simbólico toma efectividad: que -en definitiva- el problema del Deseo no se agota con Edipo o con Hamlet o en la dimensión de una Deuda. Una película para leer.