inicio
inicio
Un año sin amor
por Marcelo Augusto Pérez

 

Anahí Berneri ; Argentina, 2004

 Sobre un texto del personaje protagónico (Pablo Pérez; interpretado, muy creíblemente –por cierto-, aquí por Juan Minujín) la directora Anahí Berneri –que viene del campo teatral a firmar su ópera prima- nos invita a entrar a un laberinto que, parafraseando a Gilles Deleuze, podríamos definir como “ frío y cruel ”. Pero no vayamos tan de prisa: la crueldad a la que connota puede no ser tal; y la frialdad podría ser, en realidad, el negativo de toda la pasión puesta en acto. El personaje, como queda bien definido en el título, está carente de amor. Esta falta parece llevarlo a frecuentar cines-pornos y más tarde un club leather´s . Y aquí vienen los planteos.

¿Qué hace que una persona busque amor, si esa es nuestra hipótesis “de bolsillo”, en lugares donde el sexo es el parámetro e incluso el leiv-motiv ; y no –por ejemplo- en una disco (donde este personaje prefiere no ir), en las calles, en un taller literario o en otro tipo de club-social (digamos deportivo, gastronómico o numismático)? Creo que esta pregunta puede ayudar a acercarnos al pathos (la pasión) que atrapa a Pablo en un callejón sin salida; monotonía que se repite a lo largo del film. Esta pregunta no está planteada con ánimo de moralina (después de todo nada indica que el amor de la vida no pueda esperarlo a uno, allí) sino desde una perspectiva acaso inocente. Inocente en el estricto sentido excluyente. Excluyente de nosografías, rótulos y categorizaciones que pueden llegar a bordear al personaje. ¿Por qué? ¿Por qué allí? Porqué es un ¿perverso, o un border o un obsesivo? Plantearlo en estos términos no abre ningún campo de discusión sino más bien que cierra una tipología que remite a manuales.

Cuando ya en 1967, Gilles Deleuze, en su Presentación de Sacher-Masoch , nos dice que “ la víctima habla a través de su verdugo ” nos está contestando parcialmente esa pregunta. Sabemos, después con Lacan, que la relación Sado-Masoquista no es complementaria. (No lo es porque el lenguaje se interpone: si el masoquista dice “pégame” el sádico, el verdadero sádico, dirá “no”.) Hay un diálogo común entre los personajes de un leather´s club . Hay una connotación particular que incluso podríamos suponerla como un conjunto-masoquista (por más que unos peguen y otros reciban el castigo; no está allí el quid.) No olvidemos, como nos lo recuerda Georges Bataille, que el lenguaje de Sade es esencialmente el de una víctima; y que, como lo expresó Lacan de modo muy poético; hay cierta homologación recurrente entre Sade y Kant en cuanto a la moral y al goce superyoico en juego.

Es en torno a este goce que se juega el ronroneo del personaje central. Goce que, por definición, es del cuerpo. Del cuerpo bañado de significantes; de un cuerpo no de órganos sino totalmente erógeno. Eros y Lenguaje conjugados para crear la fetichización de la sexualidad humana; apadrinada aquí por sensaciones de cuero, por botas, por collares y, no en última instancia, por el dolor. Se vislumbra rápidamente que la intención de la directora es ponernos en las narices que el callejón sin salida del protagonista (que se mueve entre el goce ofertado por la aparatología médica y farmacológica y el goce del látigo) lo lleva a preferir escoger permanentemente este último; ya que el primero lo toma abúlicamente y casi sin opción. Es casualmente aquí que lo “ cruel y lo frío ” se transforma para Pablo en algo pasionalmente caliente, que lo hace vibrar y recordar que aún tiene nervio, es decir, vida; más allá de los fríos y pálidos pasillos de los hospitales. Pero es también en este límite que juega toda su falta-en-Ser : la ficha que cae es que la búsqueda no es por ahí; que el amor sigue esperando, que la oferta perversa de un goce sin límites no convence y, finalmente, que el deseo rueda su metonimia sobre la base sintomática de la repetición (como dirá R.Harari, repetición-de-fracaso ) que lo remite nuevamente al lugar de la falta.

Si entendemos a la Verneinung freudiana harto más como una operación de impugnación de la Ley –al decir de Hegel, una derogación ( Aufhebung )- que como simple denegación del significante; y si apuntásemos al operador estructural de la Verleugnung ; podríamos enlazar el fetiche al masoquismo : la Ley está siendo renegada a favor de goce mortífero mientras que los personajes de la escena se unen, por fuera de ésta, en un lazo social perfectamente desplegado (que nos recuerda a los contratos institucionalizados) como si se dijesen mutuamente: aquí no ha pasado nada . De hecho este es un aspecto que la película de Berneri refleja; sobre todo en la escena doméstica donde Pablo y un miembro del “club” preparan una cena. (Podríamos pensar también que fetichismo no es lo mismo que condición fetichista de objeto.)

Si el masoquismo, más allá del castigo de culpa (de culpa incestuosa, de culpa por poseer a la madre), viene a reactivar, vía Edipo, la “resexualización” de la conciencia moral y el deseo de ser castigado (abriendo la consecuente posibilidad de placer sexual en el pasaje a escena del fantasma) y si, como ya lo demostró Freud en 1919, “pegan a un niño” quiere decir “soy azotado por mi padre” ; en esta película queda bien en claro que el vínculo de Pablo con su progenitor masculino siempre fue de incomunicación y carencia (no será casual que, cuando llama el padre, siempre atienda el contestador o incluso pensar la escena en donde Pablo intenta comunicarse con su padre y éste, a modo de conclusión, se levanta de la mesa cortando todo potencial diálogo), falta que Pablo suplirá con su dinámica-de-goce pero que no podrá obviar del dolor que esa carencia le impuso a su historia. A través de sus ideas y vueltas, nos llevará a pensar lo que puede doler el amor por su presencia o su ausencia; lo que también Masoch nos recordaba: que amar es también ser yunque o martillo.